Por Laurenth Martínez, estudiante de Psicología y Sociología en UNAH-VS.

Año con año miles de aspirantes a nivel nacional se someten a la PAA con la esperanza de obtener la cantidad de puntos necesarios que les permita matricularse en la carrera que eligieron o a lo menos poder ingresar a la universidad.

A pesar de que la PAA está construida específicamente para los países hispanoparlantes y se aplica bajo la premisa de que cualquier estudiante egresado de secundaria tiene las competencias necesarias para aprobarlo, hay disonancia entre los niveles de estandarización de ésta y los conocimientos de nuestros estudiantes de secundaria. Prueba de esto son los más de noventa mil jóvenes que desde el año 2006 (cuando se implementó esta prueba) han chocado con este muro gigantesco.

Se asume que la PAA es una prueba que evalúa las aptitudes que ayudan a predecir el éxito académico y de esta manera seleccionar los más aptos para la educación superior, sin embargo, su resultado es un análisis superficial que no toma en cuenta elementos fundamentales como la vocación, las destrezas, competencias y rasgos de personalidad que entre otros factores están más ligados al desempeño y rendimiento de un estudiante en una carrera universitaria.

Además de lo anterior, se exigen en la prueba diferentes puntuaciones para cada una de las carreras, lo que significa que aprobar el examen no es suficiente, pues el aspirante también debe alcanzar una calificación específica creando alguna especie de élite académica dentro de la universidad.

Es apremiante la construcción de una prueba de orientación vocacional, que vaya más allá de clasificar a las personas de acuerdo a una puntuación y evaluarlas bajo el concepto tradicional de inteligencia que implica repetir y memorizar. Requerimos de una prueba que vea la parte humana de los futuros profesionales universitarios, que indague en los factores individuales (preferencias, intereses, habilidades, etc), que esté acorde a nuestra población, a nuestras necesidades y a nuestra realidad, y que tenga fundamentos científicos, para que sustituya la PAA pero más importante aún, que ayude a los individuos en el proceso de autoconocimiento y la realización plena de las propias potencialidades.