Tocoa, Colón.  Tomando el desvío Braulio a 2 kilómetros cruzando el puente del Río Aguán, se encuentra la Aldea Panamá, aproximadamente 382 personas, donde 80 son mujeres dos de ellas embarazadas ya por terminar su proceso de gestación. 215 familias sin trabajo han emprendido una lucha por recuperar 1200 hectáreas de tierras ubicadas en la finca “Paso Aguán” despojadas de sus tierras por la Corporación Dinant.

Además de esta misma empresa, Reynaldo Canales y René Morales, han contribuido a la militarización de los lotes dividiendo el sector de las campesinas (os) con una Bandera Nacional al sector de los militares, policías y guardias de seguridad, todos armados fuertemente y escudados, con permanencia las 24 horas del día, resguardando las oficinas de la  corporación y el no avance de la recuperación de tierras.

La finca de Paso  Aguan está organizada por el “Movimiento Campesino Gregorio Chávez” nombre reivindicado por ser un líder campesino que fue secuestrado, torturado y asesinado en luchas anteriores hace cinco años. En este periodo de tiempo han habido más muertes y un desaparecido; las personas que integran el movimiento hacen lo posible por resistir dentro del campamento, cuentan con un pozo que les brinda agua, la alimentación la solventan por medio de cosecha que algunos campesinos tienen en pequeñas parcelas de tierras (cultivan frijoles, maíz, ayote, yuca etc.) Y por medio de donaciones de otras organizaciones que velan por sus vidas.

La salud  y la educación son derechos que están lejos de ser accesibles. Aún el Hospital siendo público no proporciona los medicamentos necesarios y la comunidad no cuenta con los recursos económicos para la adquisición de los mismos y otros tipos de consultas médicas. En la comunidad solo hay una escuela pública, siendo así no todas las niñas y los niños corren con la misma suerte de asistir y quienes tienen la oportunidad de concurrir solo terminan primaria; la educación secundaria está fuera de su alcance económico, además de que ya siendo jóvenes conmueve el hecho de que tienen que asumir responsabilidades como cultivar sus pequeñas tierras y ayudar en deberes domésticos.

Sofía Baquedano, 57 años de edad,  tesorera del movimiento, nos relata que “es difícil permanecer en el campamento sobre todo porque hay muchas mujeres que cuidamos de los niños, nos encargamos de cocinar y también hacemos vigilancia, todos los días tenemos miedo porque nos gritan y nos intimidan, ha habido violaciones pero nos cuidamos y nos protegemos, son nuestras tierras”.

En esta lucha liderada desde el 27 de agosto de este año de parte del Movimiento y de la Plataforma Agraria del Aguán han hecho denuncias al Ministerio Público por persecución, intimidación, criminalización, amenazas, torturas, violaciones de todo tipo hacia campesinas (os). El último hecho repudiable fue el asesinato del campesino Alfredo Chávez, delegado de la palabra de Dios de la iglesia Católica y egresado de las Escuelas de Formación Política y Ciudadanía del ERIC/Radio Progreso. Su muerte tuvo  lugar en las tierras donde cultivaba maíz, en el lote 6. Mientras tanto la fiscalía no responde, hace caso omiso y no les resuelve sus demandas; por lo contrario responden con represión, desalojos y criminalización al campesinado.

Esta es una  de tantas luchas  campesinas más descorazonadoras y a la vez esperanzadoras para  las comunidades que dependen de sus tierras para cultivarlas, construir sus casas y vivir decentemente. Sus exigencias son poco escuchadas  e invisibilizadas, sus derechos son violados, sus vidas están  expuestas a inseguridades y esperan una resolución justa lo más pronto posible.

Las comunidades del Aguán piden justicia, la cual será posible solamente si logran contar con la solidaridad y unidad del pueblo hondureño.

Por Heidy Pacheco.