Como un sombrío presagio Juana Pavón nos dijo que Honduras tiene nombre de mujer. Y hoy mientras Honduras sucumbe ante los últimos golpes perpetuados por una plutocracia voraz a un pueblo agonizante para la instauración de un continuismo presidencial, dolorosamente lo entendemos.

Desde hace dos meses, luego de las elecciones generales celebradas el 26 de noviembre del 2017 el país se asemeja más a las historias de terror de las dictaduras del siglo pasado.

Luego de un comprobado fraude electoral que dejó como ganador al candidato ilegal del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández Alvarado, el rechazo de la población ha sido contundente. El repudio a la violación de la Constitución de la República y al respeto soberano del pueblo a elegir fueron el motor inicial para que a lo extenso del país se dieran con mucha intensidad diferentes formas de protesta social. Sumado a esto está la violación a Derechos Humanos de las que ha sido víctima el pueblo hondureño durante las brutales represiones que ha realizado el Gobierno, cuyas dantescas estadísticas nos reflejan más de 30 asesinatos por parte de las fuerzas militares y policiales, heridxs, detenidxs, exiliadxs y presxs.

El país entero ha ido volcándose aceleradamente a una crisis social que parece agudizarse cada día más y a dos días del acto protocolario de Toma de Posesión presidencial con el país militarizado como nunca antes las mujeres hondureñas conmemoran esa victoria de 1955 que les otorgó el derecho al sufragio y les permitió comenzar a acceder a lo que se conoce como derechos políticos. La conmemoración de éste día en medio de un escenario caótico a raíz de el no respeto al sufragio es una funesta ironía.

En una dictadura que se ha fraguado desde hace tiempo, que posee las armas de control social, que muestra ambiguamente la laicidad del Estado y que violenta en total impunidad los DDHH, ser mujer es un acto subversivo. Los índices de violencia contra la mujer en todas sus formas son escalofriantemente normalizados, justificados y muchas veces cuestionada su veracidad.

En Honduras, cada 16 horas una mujer es asesinada y más del 90% de los casos queda en total impunidad. Los índices de violaciones sexuales a mujeres y niñas han aumentado en los últimos dos años y la violencia intrafamiliar sigue encabezando la lista de denuncias. No existen garantías legales de protección ni protocolos de salud pública que atienda adecuadamente a víctimas de ningún tipo de estas violencias.

Honduras es el país como mayor índice de embarazos adolescentes. Es el único país en América Latina que prohíbe el uso, venta y promoción de la Pastilla Anticonceptiva de Emergencia (PAE). No existe educación sexual apropiada en el sistema educativo público: las “Guías de educación sexual” promovidas por la oficina de La Primer Dama son obsoletas puesto que no van acorde a nuestra realidad cultural.

El aborto está totalmente prohibido, obligando a las mujeres a abortar en la clandestinidad, exponiéndolas a los abusos económicos de quienes se aprovechan de la prohibición para lucrarse y a complicaciones médicas evitables si el proceso se hiciera en condiciones legales. El acoso callejero no es considerado como violencia y la brecha salarial no es tomada en cuenta.

Como pincelada final a éste escenario grotesco para la mujer hondureña en el 2017 luego de extensas pero improductivas jornadas de pseudodebates en el seno legislativo se realizaron reformas al Código Penal donde como resultado, entra tantísimas absurdidades se dictaminó la disminución de la pena por el delito de violación y se aumentó la pena al delito de aborto.

En un país con los índices de violaciones sexuales tan elevados y donde una alta cantidad de esas violaciones terminan en embarazos no deseados, el acto de reducción de pena por el delito de violación y el aumento por el delito de aborto es una forma de control y terror psicológico para la reafirmación de la indefensión en la que se sumergen las mujeres, que son más de la mitad de la población hondureña.

En el país no hay respeto para la vida, salud, integridad física y psicológica de las mujeres, se les lastima, violenta, viola, controla, empobrece, denigra y mata en total impunidad y ante la incompetencia y complicidad del Estado, al igual que está pasando con Honduras.

Honduras tiene nombre de mujer, si, de una mujer víctima de las injusticias pero que resiste con fuerza, al igual que Honduras.