El objetivo es desmovilizar.

Siete días estuvieron arrestados en el Centro Penitenciario Nacional de Támara (CPNT) tres estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, luego de que el jueves 6 de diciembre se les arrestara y acusara de ser los responsables de la quema de tres (3) autobuses urbanos en el bulevar Suyapa, frente a esta casa de estudios.

Ese día, en horas de la mañana un grupo de encapuchados prendió fuego a tres unidades de transporte como supuesto método de protesta contra los desmedidos aumentos al transporte público. La acción inusual dio como resultado que mientras Misael Martínez, Carlos Hernández y Rolando Melghem asistían a sus clases durante la quema, la Policía Nacional (PN) sin ninguna prueba en su contra les arrestara y trasladara a la estación policial conocida como Core 7, adjudicándoles el delito de incendio agravado.

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Como es rutina en un sistema policial y judicial ineficiente como el de Honduras, la lentitud e inoperancia fueron las características principales de éste proceso. Sin pruebas que les relacionara con los hechos y aún existiendo suficiente evidencia que les desvinculaba, el juez determinó que los jóvenes estudiantes representaban un grave peligro para la sociedad y dictó medidas de prisión preventiva para los mismos.

Mientras los políticos acusados de corrupción obtienen medidas distintas a prisión, 3 jóvenes estudiantes encadenados de pies y manos fueron trasladados resguardados por varias patrullas hacia la cárcel, todo esto con el abrumador silencio cómplice de las autoridades de la UNAH.

Ante esto, la reacción del estudiantado consciente no se hizo esperar, el día lunes 10 de diciembre el CURLA, la  UNAH-VS y la UNAH CU fueron cerradas por estudiantes como medida de presión para que se realizara justicia. El martes 11 se sumó el CURLP en Choluteca. Luego de jornadas de protesta el día miércoles 12 se les dictaminó sobreseimiento definitivo y el jueves 13 fueron puestos en libertad, lo que es una lección de que la unidad puede lograr victorias, y de que el movimiento estudiantil universitario aún tiene fuerza a nivel nacional.

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Además de la toma de varios campus de la UNAH, en los juzgados también hubo plantones.

Con éste bochornoso intento de criminalización a los estudiantes, el Gobierno evidencia que, en alianza con las autoridades interinas de la UNAH, mantienen un interés por destruir el bastión más fuerte del movimiento social hondureño, el sector estudiantil.

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No es la primera acción donde infiltrados de la policía se aprovechan del modus operandi de seguridad del movimiento estudiantil (el uso de capucha para evitar represalias) para actuar desde el anonimato y crear el caos dentro de las acciones. Semanas anteriores, en una protesta en esa misma casa de estudios, fueron capturados por estudiantes tres policías infiltrados, quienes confesaron que habían aproximadamente veinte (20) de ellos en el campus haciéndose pasar por estudiantes. Con éstos antecedentes no es difícil dimensionar cuales son las acciones y objetivos del Gobierno.

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Brayan Ventura fue capturado por estudiantes cuando se hacía pasar por miembro del MEU.

Los policías se infiltran en las acciones para generar descontrol y destrucción, y así fomentar la desaprobación social a las protestas y aumentar el estigma hacia los jóvenes estudiantes. La intención es instalar en el inconsciente colectivo esta apelación a la moral de que lo que las protestas de los estudiantes son malas, protagonizadas por vagos y vagas, que son caóticas y que representan un peligro que se debe castigar.

Un vez instaurada esta idea, todo acto de injusticia, toda violación a los derechos y dignidad humana de éste sector queda en total impunidad, pues la permisividad social se vuelve cómplice y aval, y en algunos casos, hasta  incitador a estas violencias institucionales.

De este modo, el Gobierno una vez teniendo el control hegemónico de la opinión pública, puede golpear hasta destruir un sector popular, ante el silencio de la sociedad permisiva, y así deshacerse del único sector que en este momento puede hacerle frente a la narcodictadura.