Primera parte.

Cuando alguien de la capital visita San Pedro Sula, no puede evitar sentirse arropado por la montaña. El fondo verde de la capital industrial no solo es el orgullo de la comunidad sampedrana, es también es su principal fuente de agua y el pulmón de todo el Valle de Sula.

Pero el Merendón, cordillera que se extiende hasta Guatemala, vive bajo la constante amenaza de un sistema corrupto y fallido que ha sido incapaz de resolver la demanda unánime de la población: preservar la montaña.

El 31 de mayo de 1990 se aprobó en el Congreso Nacional el decreto 46-90 que daba protección al Merendón con la llamada cota 200. El decreto establece los limites sobre los cuales no se permiten construcciones en la zona de reserva y además determina los parámetros a seguir en el caso de los asentamientos ya existentes.

Ya en 1994 se argumentó que no se podía defender  y proteger correctamente la Reserva del Merendón porque el Decreto 46-90 carecía de un reglamento que lo desarrollara. Entonces, siendo alcalde Luis García Bustamante y presidente de la república Carlos Roberto Reina, se aprobó el Reglamento del Decreto 46-90, el cual fue publicado en el Diario Oficial La Gaceta el día 31 de octubre del año 1994, con Gaceta No.27488 bajo acuerdo No. 156-94 del 30 de septiembre del año 1994.

El Reglamento desarrolla todos los aspectos necesarios que van desde su alcance y ejecución, relaciones institucionales, recursos naturales, suelo, agua, bosques y vegetación, fauna y flora, ambiente y recreación, aspectos sociales, el manejo de la población existente, los aspectos políticos sociales, de la educación, la salud, infraestructura y servicio, centros de salud, vivienda, caminos y carreteras, abastecimiento de agua, riego y drenaje, de los centros de educación, la investigación científica y técnica, prohibiciones, sanciones e indemnizaciones, premios y reconocimientos, y las disposiciones varias.

Pero el Congreso Nacional del período 2010-2014, en ese entonces controlado por el bipartidismo tradicional, aprobó a matacaballo un paquete de leyes que incluía el decreto 334-2013 presentado por el exacalde de Puerto Cortés y ahora regidor liberal de San Pedro Sula, Marlon Lara. El nuevo decreto modifica el 46-90 y excluye de la zona de protección a cinco comunidades: «Tramo 1: desde el Cerro Will hasta intercepción cota 200 con Río Armenta. Tramo 2: Intercepción de cota 200 hasta el río Santa Ana hasta La Puerta. Tramo 3: las colonias Lempira 1 y 2. Tramo 4: colonia La Fortaleza y tramo 5: Casa Quemada hasta la intercepción del río Naco de Cofradía».

cota 200
Donde ahora se puede urbanizar, no se ha mejorado la calidad de vida de quienes ya estaban ahí. Pero si se han construido nuevas residenciales para la élite. Fuente: La Prensa

En aquel momento, el diputado del partido Liberal argumentó que la intención era proveer de servicios públicos a las comunidades que estaban dentro de la cota 200. Pero las alarmas se encendieron entre defensores del medioambiente, pues denunciaron que la idea no era esa, sino permitir la urbanización de la zona con fines comerciales. Al final, el tiempo les ha dado la razón a quienes denunciaron las ocultas intenciones del excongresista.

Aunque han existido distintos intentos dentro del mismo poder legislativo por retrotraer la zona de reserva a su estado original, la mesa del Congreso, presidida por el oficialista Partido Nacional, lo ha impedido en cada ocasión ya sea desestimando las mociones o engavetando las propuestas de los partidos de oposición.

El daño causado en la zona de reserva es observable a simple vista. Los que eran ríos cristalinos ahora son más recuerdos que agua limpia. Del río Piedras solo quedan las piedras, misma situación que atraviesa durante la mayor parte del año el río Bermejo. El río Blanco, que era centro de atracción turística con el balneario de Armenta, se encuentra cada vez más contaminado y cada vez más seco. En este último han proliferado vertederos clandestinos de basura, «carwash» y la extracción de grava y arena que afectan el lecho y las aguas subterráneas.

Sin la acción ciudadana inmediata, lo que ahora está perdiendo el Valle de Sula, no lo podrá recuperar en el futuro.

Por César Rivera